Abraham Valdelomar

Él era el Palais Concert

Abraham Valdelomar adoptó la postura exhibicionista del dandy, tan de moda en la belle époque, y un sobrenombre pomposo, el Conde de Lemos. Vivió su corta adultez emulando a los ‘poetas malditos’ franceses en sus gestos más teatrales: ingeniosa rapidez de palabra, extravagancia en el vestir, el uso de narcóticos, una falsa modestia respecto al propio talento que no contradecía la soberbia y la arrogancia centradas en su persona antes que en su obra. Alguna vez escribió: “En un país de sumisos, el orgullo no es un defecto sino una virtud”.

Excelente narrador y poeta, el recuerdo que dejó tras su corta vida fue tan intenso que terminó opacando a su arte mismo. Aunque quizás  debería considerarse también un género literario la pose creativa y “epatante”. Esa prosa de Valdelomar que escribe en el aire un episodio de modernísima sociología. En la esquina limeña de Emancipación con Jirón de la Unión sobrevive un edificio de inicios del siglo XX, construido por la firma de Gustav Eiffel. En los buenos tiempos albergó al Palais Concert, un café a la vienesa, con pastelería fina, té inglés y orquesta de señoritas. Según las horas del día el lugar reunía a lo más granado de la sociedad limeña. Políticos, artistas, bohemios, familias antañonas, señoras de chisme… El aspecto simbólico del café era tal que hizo decir a Valdelomar: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert, soy yo.”

Alberto Alarcón sostiene: “Discípulo del megalómano italiano Gabriele D’Annunzio, Valdelomar asumió personalmente la parodia de una plutocracia destruida y aniquilada por la guerra con Chile. Usaba escarpines, monóculo y levita. Se polveaba la cara y solía besarse públicamente la mano derecha diciendo: ‘La beso porque esta es la mano que escribió El Caballero Carmelo”.

Abraham Valdelomar

Ica, 27 de abril de 1888 - Ayacucho, 3 de noviembre de 1919