César Moro

Donde lo llevara el viento

César Moro adoptó ese nombre como seudónimo literario pues nació y fue bautizado como Alfredo Quíspez Asín. De esa manera decidió eliminar una identidad que contenía un apellido de sonoridad quechua que lo hacía blanco de constantes burlas racistas. Bajo el mismo principio de ruptura Moro vivió abiertamente su homosexualidad, un rasgo de honestidad que le reportó grandes alegrías y también hondas caídas en la depresión. Todo ello conforma la viva personalidad de un hombre que parecía vivir donde lo llevara el viento, lanzado por el flujo de la creación vanguardista y provocadora que supo imprimir en su trabajo plástico tanto como en su poesía, escrita casi toda en francés.

A mediados de los años treinta, ya en Lima luego de una larga temporada en Francia, su amigo Ricardo Tenaud, funcionario en una empresa telefónica decidió conseguirle un empleo en la misma compañía y le concertó una cita con su jefe. Moro no apreciaba el trabajo del común pero pasaba por momentos de crisis económica extrema. Pasada la reunión el jefe llama a Tenaud indignado a reclamarle por haberle enviado como postulante a “una bailarina de cabaret”. Se sabe que Moro no era un gay afeminado pero las escasas ganas de ser contratado por la burocracia telefónica lo llevaron a una puesta en escena destinada a no conseguir el empleo.

En una Lima pacata y asfixiada, que incluso no tenía universidad porque el dictador Óscar R. Benavides había cerrado San Marcos, Moro se atrevió a organizar la primera muestra surrealista de Latinoamérica, que causó un pequeño escándalo en la capital, sobre todo si tenemos en cuenta que en el catálogo el expositor escribió: “Esta exposición muestra tal cual es, por primera vez en el Perú, una colección sin elección de obras destinadas a provocar el desprecio y la cólera de las gentes que despreciamos y detestamos”.

Mario Vargas Llosa recuerda que Moro fue contratado por el colegio militar Leoncio Prado para dictar clases de francés cuando él era un estudiante del mismo plantel, la experiencia que luego el Nobel volcaría en La ciudad y los perros. Las burlas crueles de los alumnos militarizados contra este hombre frágil y sensible fueron tremendas. Sin embargo, supo guardar la dignidad hasta el último momento de su vida.

César Moro

Lima, 31 de agosto de 1903 – 10 de enero de 1956