Jorge Eduardo Eielson

Ganó sin haberse presentado

La Lima de los cuarenta había parido a una generación de escritores, artistas plásticos, músicos, intelectuales marcados por el cosmopolitismo y el rechazo al tradicionalismo que aún mostraba la huella de un Ricardo Palma de tapadas y virreyes. Szyszlo, Varela, Salazar Bondy, Sologuren, Belli, entre muchos otros, que tampoco desdeñaban el pasado creador de la historia peruana, por lo que uno de sus puntos de reunión en Lima podía ser la “peruanista” peña Pancho Fierro tanto como el parisino Negro Negro.

Jorge Eduardo Eielson pertenece a esa generación pero entre sus estadías fuera del Perú y su retracción frente al periodismo cultural farandulero, mantenía un perfil bajo que ocultaba una alta valoración de su trabajo como poeta y artista plástico. Cuando Eielson tenía apenas 21 años, en 1945, recibe una llamada de congratulación en la que se le da la noticia de haber ganado el Premio Nacional de Poesía. Un soplo surrealista confundió los sentimientos del poeta; por un lado, el impacto del premio pero por otro la absoluta certeza de no haber enviado ningún poema al concurso que ahora lo distinguía como el mejor. Desconcertado, decide visitar a sus amigos del barrio de Santa Beatriz: Godi (Szyszlo) y Blanca (Varela). No estaban en casa. Sologuren, tampoco. Le quedaban varias horas por delante para descifrar un enigma que era como un laberinto sin plano. Hasta que por la noche esos mismo amigos lo visitaron con botellas de champán para festejar el reconocimiento más importante a la cultura nacional. Y allí es que Javier Sologuren suelta la confesión que desató el nudo: “Y pensar que no querías enviar tus poemas al concurso. Qué bueno que me tomé el atrevimiento de hacerlo por ti”.

Jorge Eduardo Eielson

Lima, 13 de abril de 1924 - Milán, 8 de marzo de 2006