Jorge Pimentel

Duelo de poetas

El recital había creado la expectativa de la final de un torneo de cachascán. Se trataba ni más ni menos que del duelo poético entre Jorge Pimentel, en representación de Hora Zero, y Antonio Cisneros, quien se había manifestado públicamente sobre el movimiento poético en términos muy ácidos. La tensión era mutua: Hora Zero consideraba a Cisneros, a Hinostroza y, sobre todo a los poetas de las generaciones de los cincuenta y sesenta, como los tabúes de un parnaso burgués intolerable. Algo así como Octavio Paz para los infrarrealistas mexicanos, suerte de filial internacional de los horazerianos.

 

Estamos en 1972. En primera fila del Instituto Nacional de Cultura se encontraban Chabuca Granda y José Miguel Oviedo, lo que da una idea del nivel de expectativa y atracción que este duelo concentró. Pimentel leyó y al finalizar se escuchó un disparo en la sala. Conmoción y terror. Un acto surrealista. Pimentel había acordado con el historietista horazeriano Alberto Colán en que este dispararía una bala de fogueo como broche de oro del esperado evento, y que Pimentel caería “mortalmente herido”. Sería un acto simbólico para Hora Zero, la muerte definitiva del pasado, la creación de una nueva poesía (una a la que el propio poeta califica de comunicativa e integral) y una invitación a desplegarse en recitales populares en lugar de “recitales de cámara”. Hora Zero disparaba por igual contra el cultismo y contra el social realismo, una tendencia poderosa en esos momentos y que ellos consideraban panfletarias, a pesar de que estaban del lado de la izquierda.
En enero de 1970 Pimentel había escrito con Juan Ramírez Ruiz —sanmarquinos ambos— un  manifiesto al que titularon Palabras Urgentes. Poco después aparece el primer ejemplar de Hora Zero, la revista, con poemas de los fundadores del  movimiento, además de Mario Luna, Julio Polar, Jorge Nájar, y José Carlos Rodríguez. Han pasado muchos años y, sin embargo, Hora Zero sigue siendo el referente de la poesía peruana del siglo XX. Pimentel aún se pregunta por qué en tan poco tiempo el movimiento se reprodujo por todo el país, consiguiendo la adhesión de innumerables creadores jóvenes: “… y nos siguieron cuando lo único que había era un ceviche de jurel, un rin, un pasaje de ida y vuelta, una chata de ron y verdadera poesía”.

Jorge Pimentel

Lima, 11 de diciembre de 1944