José María Eguren

Un niño y una lámpara azul

Por lo que sabemos de Eguren, su vida apenas rozó la realidad debido al ensimismamiento que lo caracterizaba, lo frágil de su salud (que le impidió ir a la escuela y lo obligó a estudiar en casa), y esa sensación que transmite de experimentar lo existente a través de esos accesos de fiebre que frecuentemente lo atacaban. De muy niño vivió en la hacienda Chuquitanta pero en 1900 la familia se traslada al distrito de Barranco, en Lima, un espacio de casonas decadentes, el mar tristón y el verde de los acantilados. Ya de adulto tomó un puesto burocrático en el que se desempeñó en silencio, casi como si nunca hubiera estado allí.

En la poesía de Eguren se da el mismo tenue toque con lo real, al menos en contraposición a las corrientes revolucionarias que maduraban en su tiempo. Eguren sostenía la idea de las “correspondencias” entre el mundo sensible y el espiritual, incluso mediante recursos como la cinestesia, que no es sino la conciencia máxima del cuerpo.

El mundo poético de Eguren se asemeja a un sueño infantil poblado de elfos, damas del bosque, reyes similares a los que creó el delirante arquitecto Antonio Gaudí en Barcelona, princesas, imágenes estáticas de objetos profundamente simbólicos. Su poesía se integra con el desarrollo de artes visuales, pintura y fotografía, en las que ahonda en ese sentido onírico y hasta fantasmal, que lo haría decir poco antes de morir: “Vivo cercando el misterio de las palabras y las cosas que nos rodean”.

Eguren vive en momentos en los que la cultura y la política buscaban integrarse en un proyecto revolucionario. José Carlos Mariátegui tenía la última palabra en este complejo proceso que aglutinaba a abundantes intelectuales y creadores. Pero la digresión que representó Eguren para esa tendencia produjo que ‘el Amauta’ hiciera una observación que pone de relieve la ubicuidad del poeta: “Eguren, en el Perú, no comprende ni conoce al pueblo. Ignora al indio, lejano de su historia y extraño a su enigma. Es demasiado occidental y extranjero espiritualmente para asimilar el orientalismo indígena. Pero igualmente, Eguren no comprende ni conoce tampoco la civilización capitalista, burguesa, occidental”. Entre los mundos reales, prefirió el que amplió a la medida de su poesía.

José María Eguren

Lima, 7 de julio de 1874 – 19 de abril de 1942

Poemas

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