José Rosas Ribeyro

Nunca con la corriente

Mediados de la década de los sesenta, actuación en la clausura de fin de año en el colegio San Andrés de Lima. José Rosas Ribeyro, quien termina el tercer año de secundaria, ha elegido recitar un poema de César Vallejo, un poema que a él en su adolescencia lo ha deslumbrado: Los Heraldos Negros. El joven José viste un terno verde petróleo (“horrible”, en sus palabras), una corbata gris a rayas. Se angustia, se irrita, trata de afianzar las palabras de Vallejo sobre los golpes de la vida, accionando las manos con los puños cerrados. Se siente profundamente ridículo. En su exploración pasará entonces a Trilce, de cuya lectura recibe otro tipo de impacto, quizás más poético. José investiga a Vallejo por largo tiempo. Publica durísimos comentarios contra todos los lugares comunes en torno al poeta liberteño, generados por lo que Rosas llama “el circo vallejiano”. No deja títere con cabeza acerca de las mujeres en la vida del poeta, sus enfermedades, la causa de su muerte, sus amistades, sus odios y sus filias. Su afán es humanizar a Vallejo y despojarlo de toda mistificación retórica y vacía. Dando siempre la contra.

“El Perú es un país caníbal y las guerras fratricidas son un hecho permanente desde que nacimos oficialmente como país”. Bajo el anterior enunciado las expresiones públicas de Rosas Ribeyro denotan la urgencia de desafiar lo convencional. Desbarata el mapa generacional oficial y sostiene que las generaciones literarias están definidas por la inercia. Él se propone como parte de la Generación del 68, que no coincide con los múltiplos de diez y es, en esencia, rupturista. Funda Estación Reunida, una revista sanmarquina que en cuatro números hace debutar a José Watanabe, a Tulio Mora, a Elqui Burgos. Luego vendrá El Uso de la Palabra. Rosas integra el grupo Hora Zero y trabaja como editor de cultura en el semanario Marka. Velasco deporta a periodistas, también a José, él parte para México en 1975 y allá se relaciona estrechamente con los Infrarrealistas.

Se instala en París en el año 1976, empieza a escribir un diario que hoy debe contar con varios volúmenes. Publica poemas y también novelas. Pero no piensa en los géneros, “el libro es el libro”. La creación adopta formatos diversos y se siente impulsado a romperlos. Abomina, con el escritor colombiano Fernando Vallejo, al narrador omnisciente, el que todo lo sabe. Recusa el modelo clásico de la novela y rescata al Quijote como fundador del auténtico género. Contra la corriente.

José Rosas Ribeyro

Lima, 5 de marzo de 1949

Poemas

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