El Caballo

José Watanabe

Leído por Laura Restrepo

En la frontera del desierto
y las plantaciones de caña, la casa solitaria
tiene algo de cráneo abandonado al sol: quizá
por los sonidos resonantes de su interior
y el yeso que se hace polvo en sus paredes.

En el hondo vacío de la sala
de puertas y ventanas arrancadas
hay un intenso olor a caballo. En el rincón
donde algún día un cabrero trashumante
se refugió y encendió una fogata,
anoche ha dormido un caballo.

Es absurdo pensar que entre los cañaverales
y el comienzo azul de las estribaciones andinas
aún vaga un caballo libre
que viene a dormir aquí.
Parece solo una idea hermosa
puesta en este paisaje, pero no: en el aire
todavía percibo el temblor de sus músculos nerviosos.

Me voy de la casa convencido de que al anochecer
vendrá a dormir nuevamente ese caballo.

Le he dejado semillas de algarrobo
que recogí en el camino. Espero que las muerda
mientras con su casco golpea el piso de tierra
acompasadamente
como una señal de entendimiento.

Del libro Banderas detrás de la niebla (2006)

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