José Watanabe

Aprendizaje con haiku

Watanabe es un poeta mítico y no solo por la elevación de su palabra escrita. También por su vida. Hijo de un japonés que conocía miles de haiku y de una señora campesina norteña, la familia vivió pobremente en la ranchería de la hacienda Laredo, en Trujillo. Pero un día el padre, literalmente,  “se sacó la lotería”, como solía decirse, y la vida de todos cambió.

Un amigo suyo, que prefiere no identificarse, cuenta cómo en una época pasó por el infierno del insomnio, las noches enteras en blanco llenas de pensamientos que en las vigilias desaparecen. Se lo contó a Watanabe. El “Chino” vivía con los horarios invertidos: trabajaba de noche, dormía de día. Así que le ofreció al amigo visitarlo en esas noches desasosegadas, en las que conversaron sin límites. La esposa del amigo, a su vez, comenta que ella en su cuarto no quería quedarse dormida pues la voz mágica y sedante de Watanabe era como escuchar al mar. El mismo amigo recuerda que José le contó que en la lengua japonesa el ideograma que nombra la tristeza es el mismo que designa al cáncer. El poeta tuvo en los años setenta un cáncer al pulmón, que pudo remontar.

Uno de los poemarios más conocidos de Watanabe es Piedra Alada. En sus líneas se expresa con maestría el tratamiento poético de las cosas reales, de lo inmediato, y luego su ascensión al mundo de lo simbólico, pero sin retórica alguna. Watanabe cuenta: “Iba yo caminando por una playa del norte, sin ninguna necesidad en especial, tan solo caminaba por el malecón, cuando, de repente, noté entre las piedras golpeadas por el mar, una roca muy interesante. Era una piedra de mediano tamaño que pegada a ella tenía un ala. Supongo que eran los restos de algún pájaro del lugar. Apenas vi esa imagen, me vinieron a la mente muchas hipótesis de cómo habían llegado esas plumas a pegarse a la piedra y lo irónico que me representaba la imagen. Después, ya en mi casa, escribí el poema”.

José Watanabe

Trujillo, 17 de marzo de 1945 - Lima, 25 de abril de 2007